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Inteligencia Artificial (IA): Reflexiones no académicas desde una institución académica.

Walter Orlando Vaca
Director de cómputos – Facultad de Ingeniería

Los hitos disruptivos y transformadores, desde que aparecen, suelen provocar resistencia y controversia. Si bien sus avances e implicancias resultan evidentes en el momento, suelen generar incertidumbre por las impredecibles consecuencias a futuro. Ya en el siglo XV, la invención de la imprenta de Gutenberg provocó resistencia: algunos detractores sostenían que su capacidad para expandir el conocimiento podía alterar la paz social, incrementar la crítica y desestabilizar el orden político establecido. Hoy, algo similar ocurre con la Inteligencia Artificial, percibida como una herramienta poderosa, eficiente y confiable, pero también como una amenaza para el trabajo y para la propia creatividad humana.

Walter Orlando Vaca, Director de Cómputos de la Facultad de Ingeniería en base a su formación y experiencia del trabajo cotidiano en el área, nos plantea como aplicar de forma eficiente esta potente herramienta en los diferentes ámbitos académicos que integran la institución: investigación, docencia, administración y estudio.

Conceptos como Industria 4.0, Internet de las Cosas (IoT), realidad aumentada, gemelos digitales, firma digital, blockchain, computación en la nube, reuniones virtuales y redes sociales, entre otros, comparten un denominador común: la tecnología digital. Este elemento se ha consolidado como un pilar estratégico que sustenta, amplía y redefine múltiples dimensiones de nuestra realidad, habilitando nuevas formas de interacción, comunicación, gestión de información y automatización. Todas estas innovaciones convergen en una noción más amplia y transformadora: la transformación digital, entendida como el proceso de incorporar tecnologías digitales en todos los ámbitos, especialmente en las organizaciones, para generar cambios profundos y sostenibles.
En este contexto, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) se manifiesta probablemente, como la herramienta más determinante -si no la más trascendente- para impulsar y consolidar el proceso de transformación digital.

Como toda herramienta, la IA amplía nuestras capacidades al permitirnos acceder con rapidez a información relevante extraída de grandes volúmenes de contenido y al automatizar tareas repetitivas o tediosas. En la actualidad, la abrumadora cantidad de datos disponibles ha dado lugar al enfoque del Big Data, orientado a organizar y analizar conjuntos masivos y complejos de información con el fin de identificar patrones, tendencias y correlaciones para generar conocimiento útil (insights). Es precisamente en este punto donde se establece una relación simbiótica entre la IA y el Big Data: la IA -en particular el Machine Learning o aprendizaje automático- requiere de grandes volúmenes de datos para aprender mediante ejemplos, mientras que el Big Data necesita de la IA para interpretar y extraer valor de la información que almacena.

Es así, que la IA nos acerca a esa posibilidad, haciendo más humana y accesible la interacción con estas tecnologías. Un componente importante de esto son los LLM (Large Language Model), que se entrenan con grandes cantidades de texto para entender y generar lenguaje humano. Estos modelos, basados en redes neuronales y aprendizaje profundo, son la tecnología fundamental detrás de la IA, permitiendo aplicaciones como chatbots, asistentes virtuales y la creación de contenido. Los navegadores utilizados habitualmente para realizar búsquedas en Internet también están incorporando de manera progresiva la IA, lo que está transformando profundamente la forma en que interactuamos con la Web. Las consultas dejan de limitarse a simples coincidencias de palabras clave y comienzan a centrarse en la comprensión del sentido, el contexto y la intención del usuario, ofreciendo resultados más pertinentes y personalizados.
Es más, han surgido recientemente algunos navegadores, como Comet y ChatGPT-Atlas, diseñados específicamente en torno a esta tecnología. Tienen capacidad de interactuar (tienen capacidades de agentes) con las páginas web para buscar información dentro de ellas o ejecutar acciones, como la de redactar correos electrónicos, programar reuniones, llenar formularios y ayudar en la investigación y comparación de productos entre otras. Sin embargo, ya se han detectado vulnerabilidades en este tipo de navegadores que permitirían la ejecución de prompts maliciosos capaces de comprometer la seguridad y robar datos de los usuarios.

Los agentes de IA, como el integrado en Comet, son entidades artificiales que tienen la capacidad de percibir su entorno, tomar decisiones y ejecutar acciones concretas para alcanzar ciertos objetivos. Están diseñados para actuar de manera autónoma o semiautónoma, interactuando con su entorno o con humanos para cumplir tareas específicas. Estos agentes pueden incluir desde programas simples que siguen reglas hasta sistemas complejos que aprenden, planifican y colaboran en entornos dinámicos.

Esto abre la posibilidad de la automatización de procesos, una de las dimensiones más relevantes de la transformación digital. En este sentido, destacan herramientas como n8n y Make, que facilitan la automatización y la integración de sistemas heterogéneos. Ambas plataformas permiten diseñar flujos de trabajo automatizados (workflows) que conectan diversas aplicaciones y servicios, disminuyendo la intervención humana en tareas rutinarias y optimizando la gestión, el intercambio y el aprovechamiento de la información.
Por ejemplo, en la Facultad podría implementarse un agente con IA que analice los tickets de soporte que se reciben en la Dirección de Cómputos y determine si corresponden a solicitudes de reserva de aulas. En ese caso, el agente podría conectarse automáticamente a la base de datos, verificar la disponibilidad, registrar la reserva y enviar al solicitante la confirmación con los datos correspondientes.

Impacto de la Inteligencia Artificial en la Facultad

Entre las actividades sustantivas de la Facultad se destacan la docencia y la investigación científica, ambas susceptibles de beneficiarse significativamente del uso de motores de búsqueda conversacionales avanzados. Estas herramientas no solo permiten mantener un diálogo natural con el usuario, sino que además están diseñadas para interactuar directamente con bases de datos académicas, sintetizar resultados de investigación y citar fuentes de manera rigurosa. Entre las plataformas más relevantes de este tipo se encuentran Consensus, Elicit, Perplexity AI, Scite.ai y Scispace.

En la búsqueda de incorporar esta nueva tecnología al ámbito de las tareas administrativas, se presentó una experiencia particularmente significativa durante la participación como integrantes de la Junta Electoral de la Facultad. En ese contexto, la gestión y consulta de una normativa extensa y dispersa en múltiples documentos representaba un desafío considerable.

La utilización de NotebookLM, un producto desarrollado por Google y de acceso gratuito, permitió abordar eficazmente esta situación, brindando respuestas precisas y oportunas a las consultas formuladas por candidatos, apoderados de listas y fiscales, entre otros y contribuyendo así a fortalecer la eficiencia operativa del proceso electoral.
Esta pequeña experiencia positiva motivó que, meses más tarde, se organizara un taller sobre el uso de esta herramienta, dirigido al personal no docente de la Facultad quienes al finalizar el taller demostraron la aplicación de la herramienta para resolver retos específicos de sus áreas.

NotebookLM se basa en un enfoque técnico denominado RAG (Retrieval-Augmented Generation), que combina técnicas de recuperación de información con generación de lenguaje natural. Este modelo resulta especialmente preciso porque opera sobre fuentes verificables, proporcionadas directamente por el usuario. Dichas fuentes pueden incluir archivos en formato pdf, documentos de texto, videos, audios o sitios web entre otros.Las respuestas generadas se sustentan exclusivamente en el contenido de las fuentes proporcionadas, lo que posibilita el acceso a información relevante, confiable y contextualizada.
Al restringir su análisis y generación de texto al material previamente suministrado, la herramienta garantiza una mayor precisión, trazabilidad y rigor en los resultados, reduciendo de manera significativa el riesgo de errores o “alucinaciones” (resultados falsos que parecen verosímiles).
Además, integra funciones avanzadas que facilitan la síntesis y organización del conocimiento, como la generación de resúmenes precisos, guías de estudio, mapas conceptuales y tablas comparativas. Asimismo, ofrece la posibilidad de crear podcasts interactivos que resumen y analizan los contenidos principales en formato de audio, así como generar presentaciones en video. En conjunto, estas capacidades la convierten en una herramienta de gran valor, especialmente para los estudiantes, al potenciar la comprensión y la apropiación de los contenidos.

Riesgos en la Aplicación de Inteligencia Artificial en la Administración Pública

La incorporación de tecnologías de IA en la administración pública presenta oportunidades significativas para mejorar la eficiencia operativa, optimizar procesos y ampliar la capacidad de análisis. No obstante, su implementación también conlleva riesgos que deben ser identificados, evaluados y gestionados adecuadamente para garantizar el respeto a los principios de legalidad, transparencia, equidad y protección de derechos fundamentales.
Sin constituir una lista exhaustiva, pueden señalarse los siguientes riesgos:
· Sesgos algorítmicos derivados de los datos de entrenamiento de los modelos.
· Falta de transparencia asociada a la dificultad de comprender cómo se toman decisiones en procesos automatizados.
· Vulneración de la privacidad y uso indebido de datos personales.
· Dependencia tecnológica y pérdida de soberanía digital cuando la infraestructura es externa y queda fuera del control de la organización.
· Riesgos de ciberseguridad.
· Impactos laborales vinculados al posible desplazamiento de trabajadores.
· Propiedades emergentes “no deseadas”, derivadas de dinámicas internas propias de los sistemas complejos.
· “Alucinaciones”, entendidas como la producción de resultados falsos o carentes de sentido, pero que, pese a ello, pueden parecer verosímiles.
· Incremento de la brecha digital dado que no todos los ciudadanos poseen las competencias necesarias para interactuar con este tipo de tecnologías.

Dada la potencia y los riesgos asociados a la aplicación de la IA, la Unión Europea ha promulgado la Ley de Inteligencia Artificial (2024), pionera a nivel global. Esta norma regula el uso ético y seguro de la IA, clasificando los sistemas según su nivel de riesgo para ejercer controles más estrictos en aplicaciones críticas como salud e infraestructura. Prohíbe aquellos usos considerados de alto riesgo o inaceptables (ej. reconocimiento emocional en el trabajo) y exige transparencia y evaluación previa por parte de desarrolladores y usuarios profesionales, procurando proteger derechos fundamentales y evitar abusos.
Como contraparte, las empresas del sector procuran que la regulación no resulte excesivamente restrictiva para sus modelos de negocio.

Alcances y repercusiones globales de la Inteligencia Artificial

En un plano más general o global, la IA también genera expectativas de negocios de magnitud multimillonaria, como lo evidencian diversas noticias. Recientemente Nvidia, una de las empresas líderes del sector, alcanzó una capitalización bursátil de 5,12 billones de dólares, marcando un récord histórico en Wall Street, impulsada por la creciente demanda de sus chips destinados a servicios de IA.
Asimismo, un informe reciente de Goldman Sachs -empresa global de servicios financieros y gestión de inversiones- señala que, para 2026, la construcción de centros de datos probablemente superará a la de edificios de oficinas tradicionales. Hace menos de tres años, la inversión destinada a este tipo de infraestructura representaba apenas el 20 % del gasto en oficinas.
Este fenómeno está estrechamente vinculado con las profundas transformaciones que atraviesa el mundo laboral. Un ejemplo ilustrativo es el anuncio realizado por la empresa estadounidense Amazon, que el 28 de octubre informó la eliminación de 14.000 puestos de trabajo como parte de un proceso de “reducción global”, asociado a la automatización impulsada por sistemas de IA.
La irrupción de la IA en los procesos creativos (IA generativa) plantea nuevos desafíos en materia de propiedad intelectual y derechos de autor. Las obras generadas total o parcialmente por sistemas de IA, cuestionan los marcos legales tradicionales, que se basan en la autoría humana como condición esencial para el reconocimiento de derechos. Este escenario obliga a los estados y organismos internacionales a repensar las normativas vigentes.
En el plano estratégico, la IA se ha convertido en un factor clave de poder, razón por la cual las principales potencias y bloques mundiales compiten por su liderazgo, conscientes de que quien logre dominar esta tecnología obtendrá una ventaja geopolítica de enorme valor.
En este escenario global, Estados Unidos y China se consolidan como los principales referentes en el desarrollo y aplicación de la IA, seguidos -aunque en menor medida- por Europa, especialmente Francia y Alemania. América Latina, en cambio, aún carece de empresas líderes en este ámbito, lo que refleja una brecha tecnológica que la región debería revertir con urgencia.
En este contexto, la empresa OpenAI anunció recientemente la firma de un acuerdo con la empresa argentina Sur Energy para avanzar en la construcción de un mega data center de IA en la Patagonia, un proyecto que podría representar un paso significativo en el desarrollo de infraestructura digital avanzada en el país.
Sin embargo, todo indica que América Latina continuará, por el momento, siendo principalmente consumidora y no proveedora de esta tecnología, lo que evidencia la necesidad de impulsar políticas e iniciativas que fomenten la innovación, la formación de talento especializado y el desarrollo tecnológico local.
El importante incremento de productividad que se espera con la incorporación plena de la IA, traerá consigo desafíos importantes en la distribución de la renta. La automatización de tareas, la creación de nuevos perfiles profesionales y la posible desaparición de otros impulsarán una reorganización completa de la actividad laboral. En este contexto, la distribución de la riqueza generada por ese aumento de productividad se vuelve un eje crítico de debate, ya que definirá si estos avances tecnológicos contribuirán a una mayor equidad o, por el contrario, ampliarán las brechas existentes.
La forma en que empresas, gobiernos y trabajadores gestionen este proceso será determinante para el futuro de la sociedad.

En síntesis, la IA, con sus luces y sombras se presenta como una de las tecnologías contemporáneas más disruptivas, cuyo impacto alcanza prácticamente todos los ámbitos del quehacer humano. Su potencial para mejorar las condiciones de vida y promover sociedades más equitativas depende, en gran medida, de que su desarrollo e implementación se guíen por criterios éticos y una profunda orientación hacia las personas.

Resulta evidente que muchas de las reflexiones aquí planteadas no son ajenas al lector, dado que, en mayor o menor medida, la sociedad en su conjunto está experimentando de manera directa los efectos de esta transformación tecnológica sobre los modos de producción, las interacciones sociales y los procesos de toma de decisiones. Comprender estos cambios es fundamental para encarar con responsabilidad y visión de futuro los desafíos y oportunidades que la inteligencia artificial plantea.