Por Dra. MÓNICA PARENTIS
Mi nombre es Mónica Parentis. Soy Ingeniera Química y Doctora en Ingeniería de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Salta.
Ingresé como estudiante a la carrera de Ingeniería Química en febrero de 1979, en el entonces Departamento de Ciencias Tecnológicas de la Universidad Nacional de Salta. Guardo en mi memoria a algunas de mis compañeras de ingreso -Claudia Peña, Marcela Murgia, Mirta Daz y Miriam Mocchi-, de quienes conservo el mejor de los recuerdos, así como también a una de las Instructoras del curso, la Ing. Silvia Blanco, quien supo despertar mi entusiasmo por la carrera. Finalizado el curso, el grupo fue desmembrándose optando algunas de ellas por continuar en la Licenciatura en Química. Desde entonces, llevé adelante mis estudios hasta concluirlos junto a mi estimado colega, el Ing. Químico José Vilariño.
Un dato de color en esa etapa de estudiante fue mi casamiento con Marcelo -compañero de toda la vida-, en la capilla de la Universidad, en abril de 1984 mientras cursaba el sexto año de la carrera. La capilla había sido construida durante la gestión del Rector, Prof. CPN Gustavo Wierna, e inaugurada en agosto de 1983.

Inicié la actividad laboral, siendo aún estudiante, como alumna auxiliar docente y como auxiliar de investigación del CIUNSa, egresando en abril de 1985. Mi trayectoria docente transcurrió, en gran medida, de la mano del Ms Sc. Ing. Elio Gonzo a quien estaré siempre profundamente agradecida. Ocupé sucesivamente los cargos de Auxiliar Docente de Primera Categoría, Jefa de Trabajos Prácticos, Profesora Adjunta, Profesora Asociada y Profesora Titular, accediendo a cada uno de ellos mediante concurso público regular y desempeñándome en el último desde el año 2016.
Desarrollé mis actividades en las asignaturas Cinética Química y Fisicoquímica de la carrera de Ingeniería Química, así como en Fisicoquímica de la Tecnicatura Universitaria en Tecnología de los Alimentos. En todas ellas los trabajos prácticos de laboratorio ocupaban un lugar central. El laboratorio de Fisicoquímica fue sin duda mi “hábitat natural”; la organización de materiales y reactivos, la preparación de soluciones, la puesta a punto de equipos y dispositivos -que incluía la lectura de manuales, la obtención y análisis de datos- eran actividades que me resultaban especialmente gratificantes siendo su momento culminante, la transmisión de esos conocimientos a los estudiantes.
En paralelo a la docencia, ejercí el rol de madre de cuatro hijos, contando con la invalorable ayuda y contención del Jardín Materno Infantil, institución educativa dependiente de nuestra Universidad, a la cual le expreso mi más profundo agradecimiento.
El recorrido en investigación, segundo pilar fundamental del quehacer universitario, lo desarrollé en paralelo con la docencia y se inició en 1983, mientras cursaba mis estudios. Tras graduarme como Ingeniera Química, obtuve las becas de iniciación, perfeccionamiento y formación superior del CONICET, llevando adelante investigaciones en el área de catálisis como integrante del Instituto de Investigaciones para la Industria Química (INIQUI). En este contexto participé en el desarrollo de catalizadores soportados en sílice, destinados a su aplicación en reacciones de química fina que involucraban diversos sustratos alcohólicos. Esta línea de trabajo permitía, por ejemplo, valorizar el etanol producido en los ingenios del NOA, utilizándolo como materia prima para la síntesis de compuestos químicos de interés.
Durante esa etapa, deseo destacar el valioso apoyo brindado por la Secretaría del INIQUI y todo su personal, en especial mi querida Elisa, quien solía acercarse para comunicarnos las llamadas de nuestros hijos, en una época en la que aún no contábamos con teléfonos celulares. Su colaboración se extendía también al tipeo de informes para el CONICET, presentaciones a congresos y manuscritos científicos, realizados en máquina de escribir, cuando todavía no disponíamos del soporte informático actual.



En el año 1998, en el marco de la carrera de Doctorado en Ingeniería -cuya implementación se concretó en 1996, tras una larga expectativa por parte de un grupo de docentes de la Facultad-, realicé pasantías en el Instituto de Catálisis y Petroleoquímica de la Universidad Autónoma de Madrid y en el Instituto de Ciencia de los Materiales en la Universidad de Valencia. Allí profundicé mi línea de trabajo, avanzando en el diseño de nuevos materiales catalíticos e incorporando la oxi-deshidrogenación de alcanos ligeros entre las reacciones de interés. En octubre de 2002 alcancé el grado de Doctora en Ingeniería en la Facultad de Ingeniería, cuando mi hijo menor, Tomás, contaba apenas con un año y medio de vida.
Continué trabajando en el área de catálisis durante algunos años más; sin embargo, a partir de 2014, mi línea de investigación experimentó una evolución hacia el estudio de nanomateriales de sílice mesoporosos. La relevancia de estos materiales radica en que combinan una estructura a escala nanométrica con una elevada porosidad ordenada, lo que les confiere propiedades únicas de gran valor en ciencia y tecnología. Entre las principales aplicaciones estudiadas se destacan la catálisis —como continuidad de la línea desarrollada en la tesis—, la liberación controlada de fármacos y la adsorción. En este último campo, abordamos las problemáticas vinculadas tanto a la remoción de contaminantes como a la captura de CO₂, tema de creciente interés global por tratarse de un gas de efecto invernadero.
En este contexto, en 2015 se creó el grupo MSM (Matrices Silíceas Mesoporosas), con sede en el Laboratorio de Electrobalanza, el cual dirigí desde su conformación hasta el final de mi actividad en la Universidad, continuando en la actualidad con tareas de asesoramiento.



He contribuido también, con gran satisfacción, a la formación de alumnos avanzados y jóvenes profesionales, mediante la dirección de proyectos finales de la carrera de Ingeniería Química, tesis de posgrado y becas postdoctorales. Considero especialmente valiosa la iniciación de estudiantes de grado en investigación, a través de becas BIEA (Becas de Investigación para alumnos avanzados) y EVC (Becas de estímulo a las vocaciones científicas). Resulta muy gratificante observar que muchos de estos becarios son hoy profesionales insertos en distintos espacios.
Desde mi perspectiva, la iniciación temprana en investigación contribuye a una preparación integral, al proporcionar una metodología de trabajo, que complementa la adquirida durante los estudios, junto con el Proyecto Final y la Práctica Profesional Supervisada (PPS), instancias fundamentales de la currícula. En este sentido, así como las becas para estudiantes avanzados enriquecen la formación académica y favorecen un mejor desempeño profesional, las tesis de doctorado “abren puertas”, ya sea para la continuidad en la carrera académica en instituciones universitarias o de investigación, como para el desarrollo en el ejercicio profesional.
Desde mi perspectiva, la iniciación temprana en investigación contribuye a una preparación integral, al proporcionar una metodología de trabajo que complementa la adquirida durante los estudios.


En cuanto a mi trayectoria en Gestión Universitaria, ocupé diversos cargos entre los que se destacan el de Vice Directora de la Escuela de Ingeniería Química (acompañando a la Ing. Gloria Villaflor) y Directora de esta Escuela (junto a la Dra. Delicia Acosta), Secretaria Académica de la Facultad de Ingeniería y Directora del Comité Académico del Doctorado en Ingeniería (CADI). Asimismo, tuve una participación activa como consejera en el Consejo de Investigación, en el Consejo Directivo de la Facultad de Ingeniería en reiteradas oportunidades y como miembro del Consejo Directivo del INIQUI. También integré la Comisión encargada de la reformulación del Plan de Estudios de la Carrera de Ingeniería Química (Plan 2024) y participé en al menos cuatro procesos de acreditación de carreras de grado y postgrado de la facultad.
La motivación para asumir estas tareas de gestión fue retribuir a la universidad la formación que me brindó y, al mismo tiempo, aportar mi propia impronta desde un rol más activo.
Sin lugar a dudas, el cargo de mayor relevancia que ejercí fue el de Secretaria Académica, a través del cual consolidé mi experiencia en gestión. Debo reconocer que gran parte de lo aprendido se lo debo al Ing. Jorge Almazán, a quien agradezco profundamente no solo por sus enseñanzas, sino también por la confianza depositada en mí, su respeto y la valoración hacia mi persona.
El ejercicio de esta función me brindó, además, la posibilidad de poder entregar el título de grado a mis hijos: a Marcos, el de Ingeniero Industrial, junto al Ing. Jorge Almazán entonces Decano de la Facultad de Ingeniería; y a Gonzalo, el de Ingeniero en Recursos Naturales y Medio Ambiente, junto a la Decana de la Facultad de Ciencias Naturales, M. Sc. Lic. Adriana Ortín Vujovich. Fue este un privilegio y una profunda satisfacción personal, seguramente compartida por quienes, siendo docentes universitarios, tenemos la dicha de acompañar a nuestros hijos en ese momento significativo.
Las tesis de doctorado “abren puertas”, ya sea para la continuidad en la carrera académica en instituciones universitarias o de investigación, como para el desarrollo en el ejercicio profesional.


Lo que nos dejó la pandemia
La pandemia dejó tanto ventajas como desventajas. Entre las primeras, puedo mencionar la necesidad impostergable de actualizarnos, que nos llevó a fortalecer el uso de la plataforma Moodle, a digitalizar rápidamente las clases y a capacitarnos en el dictado de clases virtuales sincrónicas, así como en la edición de materiales audiovisuales para su posterior disponibilidad a los estudiantes.
Entre las principales desventajas, destaco la ausencia del contacto presencial entre docentes y alumnos, especialmente en asignaturas de mayor complejidad y con contenidos abstractos, cuya comprensión se ve favorecida por la interacción directa. A ello se sumaron la imposibilidad de realizar trabajos prácticos de laboratorio, las limitaciones en las metodologías de evaluación y los problemas de conectividad, que afectaron tanto a docentes como a estudiantes.

El futuro y la Inteligencia Artificial (IA) en Ingeniería Química
En Ingeniería Química, la IA puede constituir una valiosa aliada, siempre que se la utilice con criterio. El criterio ingenieril nunca debe delegarse. Debe ser empleada como herramienta de apoyo y no de reemplazo. Es imprescindible que el alumno continúe planteando balances, evaluando resultados -provenientes del cálculo o de la experimentación- e interpretando los fenómenos involucrados. Se debe priorizar el trabajo experimental y el manejo de equipos.
Un buen camino a seguir es enseñar a cuestionar a la IA, a revisar sus respuestas y detectar posibles errores o inconsistencias. No es conveniente ignorarla, dado que los alumnos de todas maneras acudirán a ella, perdiendo nosotros la posibilidad de ofrecerles nuestra guía.
Aporte de los estudiantes a la formación del docente y el cambio generacional
Los estudiantes de Ingeniería contribuyen de manera permanente a la formación de los docentes. La calidad de sus preguntas, junto con sus inquietudes y desafíos, nos impulsa a actualizarnos y a adoptar metodologías de enseñanza que les permitan profundizar en los temas y comprender su utilidad.
En relación al cambio generacional de los estudiantes en los últimos 30 años, son notables las diferencias y están marcadas fundamentalmente por las nuevas formas de acceso a la información. Mientras en tiempos pasados predominaba el uso del libro de texto -hábito que no debería perderse-, hoy se suma una mayor familiaridad con la tecnología (materiales digitalizados, internet e inteligencia artificial) y la inmediatez. Esto exige al docente adecuar las estrategias de transmisión de los conocimientos preservando la calidad y la profundidad de la formación.
Mi visión sobre la evolución de la Facultad en el tiempo
En sus inicios, la Facultad presentaba un desarrollo incipiente, con menor oferta académica y recursos. Con el tiempo se consolidó, incrementando su matrícula y diversificando carreras —incluida la incorporación de Ingeniería Electromecánica—, junto con el desarrollo de tecnicaturas y una amplia oferta de posgrado (doctorados, maestrías y especializaciones, algunos en modalidad interinstitucional). Hacia el futuro, debemos plantearnos nuevos desafíos vinculados a la tecnología, la sostenibilidad y la articulación con el medio.
El final de mi carrera
Un logro impensado llegó al final de mi trayectoria: la publicación de un libro académico titulado “Introducción al Diseño de Reactores Químicos”. Fruto del azar, la fecha de su publicación digital coincidió con el mismo día en que me fue otorgado el beneficio jubilatorio. Poco tiempo después y con el apoyo de EUNSa y EUDEBA, se concretó también su edición en soporte impreso.
Agradezco a quienes me apoyaron y brindaron colaboración en este emprendimiento, de manera muy especial, a mi hijo Rodrigo, por la dedicación y el afecto con que realizó las ilustraciones de la tapa y la portadilla. Ejemplares de la edición impresa fueron donados recientemente a bibliotecas de diversas instituciones: Facultad de Ingeniería de la UNSa, el INIQUI (UNSa – CONICET), la Facultad de Ingeniería de la UNJu, la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT, la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC y la Facultad Regional Córdoba de la Universidad Tecnológica Nacional.
En Ingeniería Química, la IA puede constituir una valiosa aliada, siempre que se la utilice con criterio. El criterio ingenieril nunca debe delegarse.
Me retiro con el sabor del deber cumplido. Dejo a cargo de la cátedra un cuerpo docente sólido y bien formado, a la altura de las circunstancias, así como una estructura de investigación pequeña pero consolidada, preparada para dar continuidad a las tareas. En ningún momento mi condición de mujer y de madre constituyó un impedimento para avanzar en los distintos ámbitos en los que me desempeñé.
Mi paso por la universidad ha sido profundamente gratificante. Atravesé momentos de gran exigencia y dificultad, pero también instancias de alegría y satisfacción; en el balance final, son estas últimas las que prevalecen. Expreso mi sincero agradecimiento a mi familia, por su acompañamiento incondicional, y a mis alumnos -a quienes llevo en el alma- por su trato respetuoso y la consideración que siempre me brindaron.



